El counselling nace dentro de la psicología humanista como una forma de ayuda centrada en la persona y en su experiencia de vida.
A mediados del siglo XX, el counselling surge como una alternativa más cercana frente a enfoques centrados principalmente en el diagnóstico y el tratamiento clínico.
Su mirada cambia el foco: no pone el centro en corregir a la persona, sino en acompañarla para que pueda comprender mejor lo que está viviendo.
La idea principal no es dirigir, aconsejar o imponer soluciones, sino ofrecer un espacio seguro donde hablar con libertad, poner palabras a lo que ocurre y ordenar lo que se siente.
A través de la conversación y la escucha activa, la persona puede ganar claridad sobre su propia experiencia y conectar con sus recursos internos.